junio 20, 2014

Opinión - Putos putos

Putos putos

México es el segundo país del mundo en el ranking de crímenes de odio, es decir, matar putos por ser putos (2013). Es decir, debajo de Brasil, pero encima de todas las naciones africanas y musulmanas en donde de hecho sí hay pena de muerte por esta preferencia sexual (en 9 hay pena capital, mientras que en otros 80 hay penas administrativas y cárcel). Estos son declaraciones del instituto Oikos Centro Integral, respaldadas por la Comisión Nacional de Derechos Humanos en un informe oficial sobre violencia por odio, en México 2013. Y sí, se trata de matar putos por putos ya que casi la totalidad de homicidios registrados han sido de hombres (640 caso del total de 798). Esta cifra, de hecho es baja si se compara con la cantidad de crímenes fatales en México, y más por el detalle de que son el acumulado de 18 años. Siendo así, parece poco, pero es un detalle demagógico de la estadística populista. Pero siguen siendo homicidios… por odio.

Uno puede aceptar esas cifras o no. En lo personal, no me importa mucho. Pero es un tema curioso, ya que los últimos días no han hecho otra cosa que andar de putos por decir puto. Así es, la polémica detrás de esto es una pinche palabra pendeja. Catarsis la llaman unos, tradición la llaman otros, derecho constitucional nacionalista heredado por la santísima virgen dirán otros. Lo cierto es que cualquier argumento a favor es pendejo. Y lo es por la historia de la palabra. La palabra puto es una transformación de puta, que en sí ya es un calificativo de desprecio. Es decir, el puto, es igual que la puta, que en todo caso, y bajo toda acepción citable, es menospreciable (por puta). Se trata de una palabra violenta. Y nada cambia eso, ni el contexto, ni los usos y cambios en el lenguaje moderno. Más aún cuando se tiene bien definido que ser puto es sinónimo de ser poco hombre (cobarde o joto, es lo mismo al final; se trata de la degradación sexual al nivel de la puta, es decir, la mujer). Y así es como se leen/ven defendiendo una estupidez como ésta. (Si así estuvieran al pedo con las Cámaras de Diputados y Senadores, otro pinche país sería este bodrio llamado República). Dicho esto. Me vale dos kilos de verija si su uso o no es moral o no. No se debe centrar la discusión en esto.

El vocablo puto es parte elemental de las 20 palabras que conoce el mexicano promedio, y que repite en una infinitud de contextos para hacerse entender con otros de su calaña. Si uno va a Guerrero, hermoso estado de la violencia y demás, es impactante como esa bola de vergas, que se hablan bien verga, pueden decir cualquier verga a lo verga (¿entiendes verga, o qué verga?). O es decir, son tan pobres en su pinche lenguaje que han adoptado la tradición como bandera protectora de su analfabetismo lingüístico. Pero no me voy a rasgar las vestiduras por estas mamadas. Yo mismo soy una persona vulgar, que hace uso de una majestuosa cantidad de groserías, y de medios de ofensa a diestra y siniestra. Sin embargo, no me hago pendejo. Las palabras que uso, sé por qué las uso. Y sé que cuando le digo a alguien puto le quiero decir marica, y a alguien indio le quiero decir jodido, y a alguien naco le quiero decir que es un puto indio analfabeta. Porque eso es lo que aprendí que significaban esas palabras. Yo uso el lenguaje para ofender a otros, en especial a mis amigos, que son iguales de jodones que yo. Nada más. No obstante que a la mayoría no nos ofende, incluso a algunos putos que si son putos, hay quienes están dentro de esos grupos a quienes si les parece especialmente hiriente (ya que en la forma va el fondo).

Sin embargo, hay un detalle. El resto del mundo no es México, y tampoco tienen que aguantar nuestras pendejadas. Como nos solían decir de niños, cuando tengas tu casa haces lo que se te venga en gana, pero aquí respetas. Y eso lo extrapolábamos hipócritamente a la casa de los abuelos o tíos, donde sabíamos que nuestros padres eran igual de putos nacos que nosotros pero no iban a propasar ciertos límites. Y de eso va la FIFA. De hacerse pendejos y quedar como la tía Bien que viene saliendo de misa. Porque resulta que la FIFA tiene dos agendas capitales para los próximos mundiales, que van a ser en dos países clave: Rusia y Qatár. Dos países a los que se les está mandando un mensaje: pónganse las pilas, porque hay que guardar la basura bajo el tapete. En el primero de los casos hay una política gubernamental abiertamente anti-homosexual, con fuertes problemas de racismo y violencia, mientras que el segundo es todavía más turbio que nada: esclavismo, prostitución de menores, violencia de género, homofobia, etc. Por eso meter a esos inocentes hijos de la chingada mexicanos, que ya han robado cosas y brincado alcoholizados a lo pendejo de barcos (como siempre hacen, y que el resto celebra como la tribu ejidal que somos), junto con  los cretinos croatas y rusos, quienes han izado banderas neo-nazis, no está tan fuera de lugar.

Y lo malo no es la sanción temida, sino la hipocresía. Si le avientan una banana a Neymar, son unos enemigos de la humanidad, al mismo nivel que los croatas racistas que van pelados y con banderas nazis; o peor aún, con lo jóvenes que realizan el saludo fascista (protégenos santo niño de Papasquiaro) y los perros musulmanes que llevan a sus viejas todas tapadas por musulmalandia. Pero un inocente y catártico grito de “puto”, es una niñería, dicen. Bien, ni este post ni la FIFA van a cambiar la indiosincrasia (sí, con n) del mexicano, y en mi caso no es la razón, pero es necesario entender el contexto internacional. Fuera de México, no es México. Y aunque parezca pendejo decirlo así, es lo que nuestros connacionales no comprenden, dentro y fuera del rancho. Afuera hay otro sistema y otras reglas normativas y morales, a las que nos tenemos que adecuar si queremos que nos sigan invitando a la fiesta. Son sistemas de moralidad europea (FIFA), donde se ha llegado a un grado de falsa civilización esperanzadora. En especial sobre esto, se está gestando una cultura de protección excesiva a las “minorías”, que sólo velan el problema de fondo detrás de una falsa comprensión social. A la larga, este odio acumulado tiende a buscar otras expresiones, como un grito futbolero, dicen. Nos guste o no, así es. Porque cuando les vienen a decir frijoleros brinca muros, ahí sí no se aguantan.

Sin duda, la censura de la palabra Puto no va a resolver el problema de la discriminación a homosexuales y mujeres, ni nada, pero es una excelente oportunidad de reflexión sobre el uso que hacemos del lenguaje; en especial de nuestra intención al elegirlo en nuestra vida común. Por un ejemplo, se puede nombrar a la flamante recién ordenada Comisión de la Familia en el Senado, donde se vigilará los buenos usos y costumbres de las familias “naturales” en México, no la de esos putos chupa ver… Es decir, ser puto no es "natural", otro elegante uso del idioma para esconder el odio. Existe un proceso de censura de palabras y acciones por ser políticamente incorrectas, que sólo han enmascarado el problema en lugar de solucionarlo; dar la espalda y fingir que no está allí porque no se ve, o porque no cabe en los conceptos elegantes que se han definido. Por ejemplo los negros en USA, donde nadie dice nada que pueda sonar o parecer racista, para que no caigan multas o demandas, o el caso de las castas en India. Así, evitar que los mexicanos griten puto no soluciona nada, pero da un mensaje que se debe leer como “a decir pendejadas a su casa”, porque independientemente de todo, es un grito ofensivo, de denigración, que se está esparciendo a otras hinchas de América. Se trata del odio, del enojo, de la violencia. No por nada el bullying se no está yendo a la mierda en el país, así como homicidios y violencia en todos los entornos (pobre Owen, puteado por ser un puto niño; y Paulette, esa retrasada que se esconde bajo la cama; y las putas de Juárez, y El Estado de México, y el D.F., y Guerrero, y Tijuana, y Monterrey, y, y, y, y todos los casos que leemos en la prensa a diario). Porque si somos racistas, y discriminadores, aunque creemos inocentes nuestras palabras.


Así que no se emputen, putos, que sólo es una palabra mal usada, sacada de contexto, y popularizada como medio de violencia anti-estrés. Sólo que como ya está tan gastada, no nos damos cuenta de lo que realmente significa. Porque aquellos que se los cogen a diario no pueden ser tocados, pero les queda decir mamadas (aunque normalmente de espaldas). O la otra es que ahora griten PEMEX, a ver si como chingan por esto muerden en política.

Si van a gritar esta palabra, háganlo con orgullo, sin negar lo que significa, ni salir con joterias de "no significa eso". No sean putos.

E. Adair. Z. V.



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