febrero 08, 2014

Comentario - Contra el viento del norte (Daniel Glattauer)

Comentario - Contra el viento del norte, de Daniel Glattauer, 2010.


En esta ocasión traigo la lectura de un libro que al parecer tuvo cierto impacto en el mundo, y que yo no pinches sabia hasta ahora, y del que se estuvo hablando en algunos blogs (según dicen). Se trata de una novela romántica, a su manera, de este autor vienés, en la que se presenta el amor a distancia como el centro de la historia, sólo que incorporando una pizca de las nuevas tecnologías, ya que en lugar de ser una novela epistolar tradicional (tómenla, todos aquellos que decían que el género estaba más muerto que Marx) se va al mundo de los e-mails, con todo y sus jocosos Re: y Fw:. La novela en sí no es tan sosa como puede sonar al decir que se trata de la historia de dos desconocidos que entablan una relación mediante correo electrónico, y que va afectando sus emociones y percepciones sobre el amor mismo. Bueno, sí. Pero es entretenida en general, y tiene un agudo sentido del humor en algunas frases específicas, lo que le da un toque de jovialidad y frescura intelectual que es más que bienvenida. Fuera de eso, la novela no ofrece más que la distracción de una lectura fresca y elegante.

Es una lectura rápida, de esas de descanso entre libros pesados, que nos da a dos personajes, Emmi y Leo, que se encuentran en sus soledades virtuales, pero que son acercados por el lenguaje, y la complejidad de la lectura entre líneas. La novela se trata también de aquello que no es dicho por los personajes, pero que existe de forma intuitiva entre sus inteligencias compartidas. Otro punto a favor de este libro es que sólo se atreve a utilizar un único emoticón en todo el libro, lo que no es tan malo, ya que si bien trata de integrar la complejidad del lenguaje de la red, no se lanza de manera ciega a hacer una representación que escapa por completo de la temporalidad del autor. En sí, el libro hace


En sí, la novela es muy breve, y está repleta de pequeños diálogos intelectuales. Pero tiene el punto a favor de que reproduce la manera en que normalmente nos comunicaríamos por chat y mensajería instantánea, con un toque de correo, para los mensajes más extensos. Ese juego hace que el impacto de la lectura sea positivo, y que además se gane cierto afecto por su novedad.Pero todo eso ha sido de la forma. En cuanto a la historia que se nos entrega, la relación entre ambos personajes surge de manera espontanea, y un poco forzada. Es decir, en una época de tanta comunicación, con contacto de tanta gente entre sí, de redes y nubes, es poco probable que alguien dedique tiempo a un desconocido...  y menos a que se escriba una dirección de correo electrónico a mano cada vez que se debe usar. Sin embargo, dejando pasar este detallito, sucede. Lo que ocurre a continuación es que ambos personajes se encuentran a través del lenguaje, y son llevados por un jugueteo mental a un punto extraño, donde ser hermanan y entienden.

A mi parecer, la novela es de lectura agradable, pero no llena las expectativas que provoca en el comienzo de sus páginas, ya que los personajes se tornan un poco necios y tienden a recurrir a la redacción banal. Quizá por este motivo sea que no me gustó el rumbo de la novela, ya que lo reconozco como posible dadas las experiencias virtuales a la mano. La novela, me parece, cierra de forma apresurada, y no alcanza a explotar toda la tensión en el aire, lo que da pie a su segunda parte, pero decepciona a los lectores por la descarnada ligereza que el autor tuvo para finalizar la historia.

En síntesis, cada lector debe tomar en cuenta que es una historia agradable, ero rápida, y que no existe un alcance sofisticado como novela, pero que es entretenida. Haciendo la advertencia, queda en manos de cada quien. Claro, es mejor que leer a Cohelo, y más recomendable que leer a Vargas Llosa, así que no se pierde tanto. Felices aires, como diría Bob Ross.


Crítica del segundo libro de esta historia:

Acá


E. Adair Z. V.

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