En un ataque de sensacionalismo literario, y aprovechando que ya ha pasado un poco de tiempo tras la muerte de García Márquez (y sin el falso proteccionismo leviatánico de quienes quieren crucificar a quienes le dicen Gabo como si eso les hiciera más cultos; obviamente hablando de quienes piden respeto, pero no leen más que pequeñas frases en facebook -triste destino de la Rayuela de Cortázar-), pero no tanto, he decidido leer el libro de Memoria de mis Putas tristes, que es la última novela publicada en vida por el escritor colombiano, que residía en la Ciudad de México en el momento de su muerte. Tardé en leer este libro por el prejuicio que algunos de mis amigos me habían inculcado: quienes apoyaban la "siempre" fresca obra de Gabriel, o por el contrario, el "desgastado" realismo mágico que corona toda su obra. Superando estos traumas, helo aquí, al fin.
La novela de Memoria de mis putas tristes es un libro pequeño, compacto, con muy pocos personajes para ser Gabo (haters gona...), que transcurre en una Colombia añejada en la memoria, en Barranquillas, (1960, dice un ensayo que leí por allí, y que francamente no recuerdo ni el autor, dada la referencia de su nacimiento con el final de una guerra, más los 90 años del personaje central). Se trata de la historia de un hombre que despierta en su cumpleaños 90, y que se quiere regalar a sí mismo los placeres de la carne de una jovencita virgen, último capricho de un hombre que ha perdido todo lo que le importaba: su columna, su madre, su fortuna, su energía. Básicamente de eso se trata todo el libro, con un aire nostálgico y amargado como el del Coronel, en el que el anciano va haciendo un recuento de la historia de su vida sentimental/sexual, que en este caso terminan siendo lo mismo, más el linaje del que proviene y al que ha mancillado de toda forma. Se trata de un libro sobre la memoria, lleno de pasajes descompuestos por el arrepentimiento del tiempo, y que se entregan al lector con el cansancio de un escritor que ha llegado al final de su obra. Porque la historia es una paráfrasis de su propia obra, y de su deseo interior de exorcizar sus recuerdos personales. O eso pensé yo, cuando menos.