La ganadora del Premio XVIII de Poesia Tintanueva Edicones fue para Magdalena Guerrero Martinez. Tuve el honor de acompañarla en la mesa en su premiación. Dejo el texto integro de las sandeces que dije sobre ella.
La curvatura de los frutos {leído durante la ceremonia de presentación}
E. Adair Z. V.
La poesía, más que un acto de inteligencia o belleza, de aquellas interminables figuras en que los hombres y sus épocas se decantan, es un acto de conformación. De reconfiguración. Desde los cantos primeros que explican el mito del origen, hasta el acto kitch más sustancioso de la modernidad que se ha dejado arrasar por su oportunismo mediático, la secuencia de sonidos e ideas se ha concatenado de manera infinita. La razón de esto es la propia infinitud de la experiencia como un acto de vida. Nadie puede impedir que la poesía logre filtrar fuera de uno mismo algunos de sus secretos mas íntimos, porque es el acto de creación lo que modifica la experiencia personal y lo torna un hecho universal, a distintas escalas, sí, pero reconocible en cualquier otra experiencia consumada.
Eso es lo que encuentro en este libro titulado "Los frutos infinitos". Titulo que encuentro por demás encantador, ya que nos recuerda, quizá de manera inconsciente por la autora (porque hay mas de suerte en el acto de escribir que de genuina genialidad; y que en muchas ocasiones rebasa las intensiones del autor), que el aprendizaje tiene de manera forzosa un producto, que ese producto tienen cierta disponibilidad publicas. Por otro lado, la infinitud, ya sea la griega, en la rivera, o la otra del ciego, también en su rivera, nos lleva de nuevo a la generalidad de la literatura y la ambigüedad de la interpretación del hombre sobre el hombre mismo. Bien lo dice la autora "cuando pregunto / al mandarino cómo alivia su soledad, / responde con jugosos / frutos". La sentencia es dulce, tanto o ás como encierra dentro de ella una sabiduría existencial. Sin embargo, no debe cometerse el error de creer que esta dulzura es simple cursilería, sino que guarda un néctar álgido en su interior. Quia un reflejo de su experiencia como persona en el mundo, como escritora, como mujer, y finalmente como miembro de una realidad compartida con el resto de nosotros. Esto es lo que he visto a través de sus páginas. Pienso que estos versos resumen de manera perfecta el contenido de la obra de Magdalena, que por cierto es llanto y redención desde las raíces de su nombre. "No veo al depredador / pero en las mañanas / encuentro sus huellas", nos dice.





